Un reto cada vez que dejas a tus estudiantes por una pequeña temporada, ellos van a un familiar, ellos crecen de mente como de cuerpo, vos engordás, ellos viven en su casa, o con sus amigos del barrio, o viajan a otras comarcas, en casos muy buenos fuera del país, o simplemente en la misma ciudad visitan parientes; todo esto nunca lo vivencias como cuando tiene un horario, un ciclo de vida con el docente que hace acompañamiento.
El docente va a descansar del ruido de sus estudiantes, de sus preguntas buenas, o no tan buenas, de no saborear un buen almuerzo caliente, o un desayuno saludable, porque cuando eres profesor, el tiempo de clase es sagrado y llegar temprano, es una obligación con sus estudiantes, más no con la institución si estás comprometido, el ver una buena película, o el leer un buen libro, que distrae la mente como el cuerpo. Siempre el pensamiento de un educador lo lleva hacer cada vez mejor, su experiencia anual lo enriquece, pero el capacitarse o estar estudiando de nuevo lo lleva al campo del imaginario perfecto.
Los docentes, sean o no sean de secundaria, universitarios, o de doctorados, siempre piensan en sus estudiantes, como motivarlos a superar al maestro. El estudiar y sentirse otra vez estudiante (el profesor), se hace una reflexión, cumplir como profesional que es, con la responsabilidad de ser mejor cada año nuevo, o cada periodo, con el cual empieza un nuevo caminar, con más experiencia, pero con más ignorancia del diario vivir.
Al escuchar nuevas ideas pedagógicas o didácticas, el silenciar su corazón con metodologías que lo hace ser más innovador de nuevos procesos, lleva al educador a educarse sobre todo en una nueva realidad, explíquemelo con música:
Un hombre le encantan los boleros, pero existe que ya no hay nuevos boleros desde hace 20 años, la radio, como la música del lugar que se encuentra, hay música del pueblo, para el pueblo, la cual cuentan las desdichas de parejas o de soledades, pero el reguetón es una letra vulgar de 10 frases que se riman entre sí, con ritmo cadencioso, para que se tenga sensaciones eróticas inmediatas, al hombre no le gusta ello, pero a su hija de 14 años le fascina. Como amante del bolero, el anterior hombre, lo nuevo, lo detesta, pero sabe que es una etapa de su hija en un conjunto de nuevas melodías.
Así ocurre con ser docente, donde las nuevas pedagogías van en contraria de la realidad, y en contra vía de la armonía, del ser por excelencia, que es el educando llenándolo de argumentos, más no de humanidad, o en otros casos llenándolo de conocimientos más no de retos los cuales los pueda cumplir. O retando a su estudiante a que no cometa los errores de una sociedad que lo hunde en la monotonía del celular o de la tableta.