Dibujando desde niña empecé a darme cuenta de que el arte sería mi brújula para el camino de la vida, viví en un entorno bucólico, que me llenaba de inspiración, comencé a preocuparme por mejorar mi letra y la calidad de mis dibujos. En mi infancia tuve un vecino que dibujaba muy bien, le pedí que me enseñara y él, gustoso, aceptó, fue mi primer contacto para tomarme en serio esto de la ilustración y poco a poco, influencias literarias hicieron más interesante mi arte y mi manera de ver el mundo.
Cada vez que uno de mis estudiantes tiene un avance, no puedo evitar sentir una gran satistacción, saber que todo el trabajo da sus frutos. Sin embargo, a pesar de ser uno de mis momentos favoritos no es el más especial…

Lo que más me gusta es ver desarrollado el estilo de mis estudiantes, ver cómo se expresan de manera automática sin que el ego, la técnica o el “concepto” esté por encima de la expresión. Esa llamarada interna que simplemente aflora cuando tienen un lápiz en la mano. Me encanta este estado del arte, su estado más puro, cuando a pesar de que no dominas una técnica simplemente dices lo que quieres decir.
Dar clases a niños es lo más enriquecedor que me ha pasado en la vida, dar cuenta de su disciplina y su amor por aprender, conocer de primera mano su imaginación y creatividad es un gran tesoro!
