Desperté esta mañana, con una necesidad enorme de escribir algo relevante en términos educativos en estos tiempos. Comencé haciéndome una gran pregunta, ¿Qué tan listos estamos tanto los educadores, como alumnos, padres, etc., para la educación virtual? Comencé a indagar a cerca de la visión de los estudiantes, de los colegas y de mi propia visión compuesta (ahora como docente, antes como estudiante) y pude recolectar varios puntos importantes, que concluyen una cuestión principal y preocupante, no estamos listos para la educación virtual y de calidad.
Principalmente, se identifica un sesgo de concepción acerca de la educación virtual, lo que en mi opinión impone un sesgo de aprendizaje, no sólo desde la óptica del educador sino desde la óptima del estudiante y de todos aquellos miembros del proceso educativo. En estos términos, se puede evidenciar la existencia de una barrera limitante, en el sentido en que los alumnos consideran que no se les enseña de la misma forma ni los mismos contenidos cuando se realiza de manera virtual y, la creencia docente de que el estudiante cuando las clases son virtuales no se esfuerzan o incluso hacen fraude para el envío de trabajos.
Particularmente, existe un gran reto, pero este reto no está solo dado por la concepción social y cultural de la educación a distancia, sino también, un reto que la educación virtual ha visibilizado aún más, y es que, nos falta mucho como país y como sociedad, para superar las barreras de inclusión educativa. Diversos estudios, han hecho énfasis en que el uso de las TIC puede ayudar a la inclusión educativa, sin embargo, es relevante plantearse en qué condiciones debe darse esta debido a que, si no se da en condiciones correctas, puede en vez de mejorar la inclusión, agudizar la exclusión actual. Esto es, en términos de contexto actual, la dificultad de hacer frente a las barreras de acceso tecnológico que enfrenta gran parte de la población estudiantil colombiana, razón que ha ampliado la brecha educativa en términos que ha visibilizado las ventajas que tienen los sectores más ricos de la población. Esto se ha evidenciado porque los alumnos que no tienen acceso a medios tecnológicos, han visto en este factor económico un gran obstáculo para su aprendizaje, lo cual, en estos tiempos de pandemia, donde la virtualidad se ha vuelto esencial, puede convertirse en un gran costo social futuro, el cual, los hacedores de política deberían priorizar, teniendo en cuenta el rol educativo en el desarrollo integral de las personas.