Una manera de mejorar la efectividad en la enseñanza consiste en tener claridad acerva de las necesidades de los alumnos. No todos los alumnos tienen las mismas necesidades, aptitudes y actitudes frente a un tema particular. En tal sentido, en aras de mejorar la eficacia de la enseñanza, es necesario precisar las actitudes, aptitudes y necesidades del alumno. En la medida que se tenga una evaluación adecuada de estos factores la probabilidad de que mejore la efectividad del aprendizaje aumentará.
Es claro, no todos los estudiantes tienen las mismas experiencias escolares y menos experiencias similares o parecidas en el hogar y el entorno propiamente dicho. Por ejemplo, estudiantes que provienen de hogares en los cuales se tiene la necesidad de hacer usos de cálculos aritméticos (tener una tienda, por ejemplo), posiblemente tengan aptitudes diferentes a alumnos que provienen de hogares en los cuales prácticamente nunca hay la necesidad de hacer uso de operaciones matemáticas (ni tampoco se usan dicho tipo de cálculos ni siquiera de forma lúdica). Por lo anterior, cada alumno es en si un universo distinto, tiene un cumulo de experiencias distintas unas de otras por lo cual no resulta apropiado aplicarles a todos los estudiantes una misma técnica pedagógica y didáctica.
En consonancia, es necesario hacer un examen acerca de las necesidades, intereses, aptitudes, actitudes, y inclusive posibles prejuicios. Una vez tenidos en cuenta dicho tipo de factores es posible elegir que tipo de técnica didáctica y/o pedagogía aplicar, para de esta manera, se reitera, mejorar la efectividad de la enseñanza.