Un mundo que avanza a pasos agigantados, se ve sometido a grandes cambios estructurales, y estos a su vez, traen consigo la necesidad de formar y preparar a ciudadanos y profesionales altamente calificados, capaces de enfrentar con seguridad los retos y problemas venideros con el propósito de transformar la realidad existente. Por ello, actualmente la educación se ha convertido en un elemento indispensable para el pleno desarrollo del hombre en la sociedad, debido a que posibilita la adquisición de múltiples conocimientos; entre los cuales se encuentra el leer y el escribir, procesos transformadores para el ser humano que deben verse más que simples componentes de la alfabetización.
En efecto, desde la educación primaria hasta la educación superior, se vienen enseñando la lectura y escritura, pero en distintos niveles que van del más básico al más complejo. Siendo la universidad el espacio en donde se desarrollan a profundidad todo tipo de saberes, los cuales sin duda, servirán de base para el éxito de los profesionales en su vida laboral. Por lo tanto, se piensa que la lectura y escritura son procesos y prácticas pedagógicas que contribuyen al desarrollo del pensamiento crítico en la educación superior y por tanto, a la formación de excelentes profesionales.
De hecho, la lectura y la escritura deben ser vistas como prácticas relevantes para el desarrollo y transformación del estudiante a un profesional competente. De esta manera, Cassany y Morales (2008) afirman que la lectura y la escritura van más allá de una simple comunicación, puesto que los textos elaboran el conocimiento de la disciplina, constituyen la identidad de los autores-lectores y facilitan que los profesionales ejerzan el poder dentro de su disciplina o comunidad. Si bien, éstas potencializan el crecimiento de las habilidades y capacidades del estudiante. No obstante, para desarrollarlas se requiere de un gran esfuerzo y compromiso, por ende, en la transición de la escuela secundaria a la universidad representa un reto a superar, de acuerdo con las exigencias en el nivel superior. Con respecto a esto, Cassany y Morales (2008) afirman:
Los estudiante que inician la carrera universitaria se enfrentan al aprendizaje de las prácticas letradas nuevas, las propias de la disciplina que empiezan a estudiar (…) estas prácticas son complejas, utilizan discursos altamente especializados, y exigen saber construir significados de modo específico, de acuerdo con una tradición preestablecida (p. 3).
De esta forma, los estudiantes cuando ingresan a la universidad reconocen que poseen algunos vacíos y dificultades para alcanzar los criterios que el nivel superior demanda. Si bien es cierto, que muchos jóvenes presentan problemas con respecto a las prácticas letradas, no se le debe recriminar a la escuela el bajo rendimiento en la comprensión lectora y producción textual, pues, también recae en ellos la responsabilidad sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje de dichas prácticas. Por ello, ante esta situación los estudiantes se ven obligados a poner todo de su parte y explorar nuevas estrategias que les permitan adquirir y aprehender los conocimientos de las prácticas lectoras y escritoras útiles no sólo para su carrera universitaria sino para la vida.
De ahí, se considera que en la educación superior se consolidan plenamente las prácticas lectoras y escritoras que son enseñadas en la escuela primaria y secundaria, es decir, en la universidad se expanden y potencian los saberes que más allá de permitirle al estudiante tener un buen rendimiento académico, le prepararán para desarrollar plenamente sus destrezas y ser útil en la sociedad mediante la lectura crítica de los hechos de la realidad. De acuerdo a lo anterior, Peña (2011) afirma:
… en el nivel de educación superior los modos de leer y escribir de los estudiantes son, además, una consecuencia de las condiciones que los profesores de primaria y secundaria le imprimen al uso de la lectura que promueven en el aula (p. 712).
Por ello, si desde la escuela primaria no se les enseña a los estudiantes el amor por la lectura de literatura y otro tipo de textos, así como la creación de los mismos; resultará poco el interés que manifiesten tanto en la educación secundaria como en la universidad. Antes bien, ambas prácticas no deben ser ajenas del todo para los estudiantes, puesto que en los años precedentes al ingreso de la educación superior fueron trabajadas en el aula de clase. En este sentido, Marín (2006) se refiere a la alfabetización académica como la “necesidad de enseñar habilidades dentro de las instituciones superiores, habilidades que se suponían adquiridas en otros niveles de la educación” (p. 31).
Según se ha citado, las instituciones superiores esperan que los estudiantes lleguen con sus conocimientos y habilidades completamente desarrolladas, pero los docentes descubren que esto no es así, no obstante, se proponen mejorar las condiciones de analfabetismo académico o funcional. Aun cuando se crea que lectura y la escritura se presentan solamente en ambientes académicos, esta es una idea equivocada, pues, en su mayoría, las actividades que se realizan en la vida cotidiana están relacionadas de alguna forma con la lectura de textos escritos. En este sentido, se puede observar cómo se insertan las prácticas letradas a las prácticas sociales, por esta razón, se debe reconocer que emergen en el contexto social.
Cabe agregar entonces, que la universidad construye conocimientos y a partir de estos el profesional puede dar aportes a la sociedad. En este sentido, la educación superior construye aprendizaje y moldea a los estudiantes, valiéndose de las bases sentadas de la lectura y la escritura en los anteriores niveles de educación. Por esta razón, se hace preciso conceptualizar el término leer, Cassany (2006) aclara que “… leer no es sólo un proceso psicobiológico realizado con unidades lingüísticas y capacidades mentales. También es una práctica cultural insertada en una comunidad particular, que posee una historia, unos hábitos y unas prácticas comunicativas especiales” (p. 8). Por consiguiente, el leer debe verse desde tres perspectivas, la cognitiva, la lingüística y sobretodo la sociocultural, lo cual atañe al término de literacidad. Además, de entenderse que comprende la interpretación y comprensión de textos propios de las diversas comunidades discursivas en la universidad.
Del mismo modo, Carlino (citado por Peña, 2011), conceptualiza la escritura académica como un “conjunto de nociones y estrategias necesarias para participar en la cultura discursiva de las disciplinas así como en las actividades de producción y análisis de textos requeridas para aprender en la universidad” (p. 13). En relación con lo anterior, se puede expresar que la escritura materializa y visualiza los conocimientos aprendidos en la educación superior; por lo cual el estudiante debe apropiarse del metalenguaje de su disciplina, pues, le permitirá participar activamente en su cultura discursiva.
Por su parte, Aguirre (citado por Peña, 2011), afirma que el leer y escribir en la universidad deben ser vistas como prácticas sociales dirigidas por intencionalidades particulares, relacionadas con un campo específico del conocimiento que requiere el desarrollo de las diversas habilidades, especialmente con el pensamiento crítico y analítico. Según se ha citado, el leer y escribir están ligados entre sí y no pueden aislarse, de hecho, se insertan en la sociedad.
Para concluir, se hace necesario que en la sociedad existan instituciones que velen por la formación integral de profesionales; asimismo, que incentiven la educación y el desarrollo de las ciencias, en los cuales se exploren nuevos conocimientos que conduzcan a la reflexión crítica. Desde este punto de vista, el objetivo de la universidad debe ser formar excelentes profesionales que puedan transformar la realidad y para ello, el leer y escribir son herramientas que le permiten desarrollar el pensamiento crítico y convertir al estudiante en una persona analítica, reflexiva e intelectual; capaz de llevar la teoría a la práctica, es decir, que sepa apropiarse de todos los conocimientos y trasladarlos a las actividades de la cotidianidad.
Referencias bibliográficas:
Cassany, D. (2006). Tras las líneas: Sobre la lectura contemporánea. Barcelona, España: Anagrama.
Cassany, D., & Morales, O. A. (2008). Leer y escribir en la universidad: Hacia la lectura y la escritura crítica de géneros científicos. Revista Memoralia.
ESCREVER, L., & NA, P. N. (2011). Leer y escribir. Prácticas necesarias en la universidad. Educere, 15(52), 711-719.
Marín, M. (2006). Alfabetización académica temprana. Lectura y vida: Revista latinoamericana de lectura, 27(4), 30-39.