La principal meta de todo ser humano es ser feliz; si no logramos ser felices a lo largo de nuestras vidas no habremos logrado el principal objetivo de nuestra existencia. El camino de la felicidad es largo y empieza desde el mismo momento en aparecemos en el mundo; sin embargo cada día debemos ir forjando nuestra felicidad a través del amor, la educación y el conocimiento. Somos seres realmente especiales, tenemos facultades extraordinarias, pero para poder aprovechar todo nuestro potencial debemos educarnos y adquirir conocimiento; nuestras capacidades excepcionales solo las podemos desarrollar a través de la educación, el aprendizaje y la interacción con el mundo.
La educación puede tener muchas perspectivas y enfoques, pero siempre debe estar enmarcada en la búsqueda de ser mejores personas. Educarse es adquirir capacidades intelectuales, morales y afectivas en la búsqueda de ser mejores personas; es adquirir conocimientos que nos permitan saber y comprender la operación y funcionalidad de las cosas, de tal forma que podamos desempeñarnos de forma exitosa en el entorno en el que vivimos; es entender el mundo y nuestro lugar en el universo; es tener la capacidad de entender y respetar las diferencias; es comprender y respetar la naturaleza; es adquirir la sapiencia necesaria para buscar el camino de la felicidad.
La educación es un derecho, pero ante todo una necesidad si queremos forjar un mejor país, un mejor mundo, donde todos tengamos la oportunidad de tener una vida digna, con menos injusticias, menos maltrato a los niños y a las mujeres, menos discriminaciones por razones de raza, género o creencias; donde respetemos y protejamos nuestro entorno.
Como seres racionales y gobernantes de este maravilloso planeta tenemos una responsabilidad ineludible de construir un entorno adecuado, donde podamos forjar un mejor mundo para todos, donde todos quepamos. Puede ser posible, pero se necesita más educación y más amor en cada uno de los humanos que conformamos este pequeñísimo pero magnífico lugar del universo. Solo a través de la educación y el amor podemos cumplir este objetivo fundamental de vida.
Como decía Bertrand Russell, una buena vida es aquella inspirada por el amor y guiada por la inteligencia.