Actualmente el uso de recursos naturales para la producción de energía se está llevando cada vez más al límite, haciendo necesaria la búsqueda de otras fuentes que respondan a la demanda energética. Es así que comienzan a desarrollarse técnicas como el fracking o estimulación hidráulica, la cual hace uso de rocas sedimentarias como las lutitas. Estas rocas son las más abundantes en la corteza terrestre y debido a su poca permeabilidad y profundidad a la que se encuentran, hacen necesario el uso de nuevas técnicas para su extracción, las cuales tienen un impacto mayor que el uso de yacimientos convencionales como el gas natural, un hidrocarburo más liviano y con mayor eficiencia, pero menos abundante.
Esta demanda de energía es a nivel mundial y países como Estados Unidos, China y Canadá hacen la extracción del Gas de Shale o lutita, a nivel industrial, pero también existen países en los cuales está prohibida su extracción como Alemania, Francia, España, entre otros. Para el caso de Colombia, desde el año 2014 existe una controversia nacional debido a que seis departamentos hacen parte de la proyección de Proyectos de Interés Nacional Estratégico (PINE), los cuales son “proyectos de alto impacto en el crecimiento económico y social de Colombia, relacionados con minerales estratégicos para el país, que sea un proyecto viable y que representan una oportunidad de desarrollo social” (Ministerio de Minas y Energía, 2018).
La implementación de estas técnicas en Colombia tiene varias aristas, debido a que debe tenerse en cuenta las características con las que cuenta Colombia, que aparte de ser un país mega diverso, se encuentra en una zona donde confluyen varias placas tectónicas, lo que implica una alta actividad sísmica, que probablemente en las zonas donde se realizaría el fracking incrementaría, lo cual lo afirman varios estudios, debido a que este tipo de extracciones por medio de las explosiones fragmentan las rocas y provocan sismos localizados. Por otra parte, el 75% del territorio colombiano presenta condiciones favorables parar el almacenamiento de agua subterránea, que representa la mayor parte de los recursos hídricos utilizables en el planeta y se podría ver contaminada por el uso del fracking, ya para poder extraer el gas de shale, se hace uso de químicos tóxicos, los cuales podrían llegar a tener contacto con las aguas subterráneas y además conectarse con los acuíferos locales con los regionales por el fracturamiento de la roca. Cabe mencionar que se ha registrado la contaminación de 100 pozos subterráneos y 2 acuíferos desde 1982 hasta 2013 a pesar de que se asegura que esta técnica es segura.
Además de los riesgos que representa el fracking para Colombia ya mencionados, a una escala general se pueden mencionar otros como: la disminución en la capa vegetal del área donde se realizan las extracciones, lo cual afecta el aire, el suelo y la biodiversidad; emisión de gases de efecto invernadero, como el sulfuro de hidrogeno, el cual es tóxico y se encuentra naturalmente en las rocas; perturbaciones en el ecosistema, debido a que los materiales y equipo como los camiones, suman entre 100-150 para cargar con equipo y 100-1000 para transportar los fluidos y agentes químicos.
Finalmente, es importante mencionar que a través de organizaciones como la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y el congreso para el desarrollo de los No convencionales, Shale Colombia 2013, se expone el interés por varias cuencas colombianas, las cuales son grandes yacimientos de no convencionales, entre las que se encuentran el Catatumbo y Cesar que cuentan con 3.3 trillones de pies cúbicos de gas de shale (Charry-Ocampo & J. Perez, 2018), lo cual puede representar para estos territorios otro punto a favor al conflicto interno.